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martes, 21 de abril de 2020

#Autorretarolector para #DiaDelLibro2020 en #pandemiaeducativa19

El día de hoy lo dedicaremos a ese #autorretratolector que comenzó hace años y que sigue esperando el tuyo .

martes, 23 de abril de 2013

Autorretrato lector - in English

Este es el autorretrato lector que mi alumnado ha hecho para continuar con la celebración del Día Del Libro 2013. En inglés.

Happy World Book Day!


lunes, 22 de abril de 2013

Dani, un coleccionista de libros ¡iguales!

Hace mucho, mucho, mucho tiempo vivía en una galaxia cercana un niño al que su familia llamaba José Daniel, pero que con el tiempo iría sincopando hasta su nombre hasta quedarse en Daniel. Era de familia humilde, madre ama de casa y padre camionero, en su casa sólo había dos tipos de libros: un montón de novelas de vaqueros de cuando su padre estuvo en la mili y los típicos que estaban en todas las estanterías en su pueblo, esto es, una enciclopedia franquista y la historia de su pueblo. 
Por una extraña razón, llamémoslo azar, al chico le dio por leer y escribir. Era un fiera escribiendo redacciones enormes y en poco tiempo se leyó todo lo que había en su casa, haciéndose un especialista en rubias de piernas interminables, vaqueros duros y pistoleros más rápidos que el pensamiento. En estas estaba, sin libros, cuando llegó su primera comunión. El Niño se frotaba las manos, porque sabía que entre tazas con angelitos, algún libro le iba a caer. ¡Ay pobre, no sabía lo que le esperaba! El caso es que todo el mundo preguntó a sus padres que le haría ilusión que le regalarán. “Un libro que nos tiene locos" fue la respuesta y claro teniendo en cuenta que en el pueblo sólo había tres librerías, la mala suerte hizo que sin saberlo determinarán la profesión que tendría el comuniante. A todos le recomendaron un libro que le encantaría: "La isla del tesoro", así que José Daniel se vio con un 12 ediciones diferentes de la misma novela... Fue su primera collatio...

El tiempo pasó y su abuela le hizo el mejor regalo que le podían hacer a J. Daniel: una máquina de escribir, esto , junto a su recién sacado, entre una niebla de tedio y sopor, título de mecanografía terminaron de configurar el alma de lo que hoy en día es Daniel un lector incansable que no puede entender la vida sin enseñarla y leerla, quizás, para entenderla y disfrutarla...

Y colorín, colorado...
Dani García
@daniyecla

Nos gusta leer. Autorretratos lectores



En Twitter: 

miércoles, 17 de abril de 2013

Autorretrato lector del gran Jose Luis Bracamonte :-)

Doña Díriga te llamo porque hace unos días nos pediste un autorretrato lector y yo he escrito el mío y me gustaría enviártelo...

¡Qué subidón y qué intriga! Viniendo de Jose Luis, de su buena escritura y de su saber emocionar ...corro a casa y abro el ordenador, me invade la impaciencia...
http://www.tendenciaseducativas.es/index.php?option=com_tpdugg&task=detail&id=2870&Itemid=74



En mi casa no había televisión. Quizá por eso me hice lector. Tampoco había libros. Bueno, en realidad había un libro de cuentos infantiles, que releí cientos de veces y que se titulaba Para mi hijo. Recuerdo también algún cuento de Calleja, y un Quijote sin pastas que leía con voracidad en las tardes invernales de mi infancia. En casa también había una Biblia, que comenzaba por el Génesis y terminaban en el Apocalipsis, como todas las biblias, y que leí sistemática y ordenadamente de pe a pa. Me gustaba hacer incursiones lectoras en el libro de los Proverbios, o en el Deuteronomio, porque encontraba sentencias que me desconcertaban, creyendo, como creía entonces, que lo que allí ponía era palabra de dios, como lo de cortar la mano al ladrón o lapidar a las mujeres adúlteras, o vender como esclavas a las hermanas que deshonraban a la familia. Aprendí que para el dios de los judíos era mucho más importante una oveja que una mujer. Y posiblemente llegué a creérmelo, reforzado por El Promotor de La Sagrada Familia, El Santo, o la revista del Padre Damián, únicas lecturas que entraban en casa. La tele seguía sin llegar, pero por aquel entonces no creo que me importase mucho, porque descubrí los tebeos: Pulgarcito, TBO, Din Dan y otras cabeceras juveniles. Si caía enfermo siempre aprovechaba la circunstancia para pedir tebeos, porque de otra manera no me los compraban, básicamente porque había que atender otras necesidades. Tenía sin embargo un vecino de mi edad, que además de televisor, guardaba una buena colección de álbumes del Capitán Trueno y El Jabato. Ni que decir tiene que nada más salir de clase, cogía la merienda y me subía a casa de mi vecino a vivir aventuras subido en un drakkar  vikingo con la bella Sigrid de Thule, o montando en los globos aerostáticos del mago Morgano y en cualquier caso, viviendo experiencias alucinantes en lejanos países de nombres exóticos, o surcando mares en los que las galernas eran frecuentes, naufragando en una tempestad y salvando desvalidas doncellas o poblaciones oprimidas por los poderosos en los confines del orbe. Un tebeo era el único pasaje necesario para viajar por el mundo y volver a casa a la hora de la cena.

Debía tener 11 años cuando cayó en mis manos el primer libro de Enid Blyton, se llamaba Misterio del vagabundo. Aún lo conservo. Después vinieron el Club de los cinco, los siete secretos...,  Blyton, la tantas veces denostada Blyton me hizo lector, como a tantos de mi generación. Desde aquí la reivindico. Alucinaba leyendo como chicos de mi edad salían de acampada, organizaban sus vacaciones sin adultos, vivían aventuras impensables, y sobre todo, desayunaban pasteles de jengibre, mermeladas de mil sabores, tartas, galletas, bacon,  huevos y también algo que llamaban rosbeef. En mi particular imaginario gastronómico  todas esas viandas han quedado grabadas como algo tan exótico como la libertad que parecían gozar unos chavales de la Inglaterra de postguerra, tan alejada del empobrecido, ultracatólico  e hiperprotector ambiente en el que yo me desenvolvía. A veces, desayunando en algún hotel de buffet libre, me vienen a la cabeza los libros de Los cinco y me acerco a por otra tanda de huevos con tocino. 

Un día descubrí la biblioteca. Allí habitaban nuevos héroes: Sandokan, Tom Sawyer, el capitán Hatteras, Nemo. Ivanhoe, Los hijos del capitán Grant..., Verne, Salgari, Twain, Fenimore Cooper, Walter Scott, empezaron a llenar mis espacios de ocio y mi cabeza de fantasías. Otros mundos infinitos se abrían para mí. Leía, leía, leía, siempre que tenía un rato, en la mesa, en la cama, en el servicio, incluso en clase. La adolescencia me trajo otros autores, otras lecturas. Pasé, en la edad prohibida, por aquellos libros para adolescentes de Martín Descalzo, me enganché después a las clásicos, a la poesía, al teatro, cualquier género me venía bien, cualquier estilo: El realismo, el naturalismo, los autores rusos... Para cuándo mi padre compró una televisión en blanco y negro de segunda mano, yo andaba ya por Sthendal, Balzac, las hermanas Bronté, Mary Shelley, Dickens, Dumas, Lampedusa… y hacía incursiones en la filosofía y en la historia. Platón, Nietzsche, Sartre, Preston, Duby, Benassar. Me dejé seducir por  los escritores malditos, Verlaine, Baudelaire, Bukovsky, Rimbaud, Sade, Horacio Quiroga, pero quizá mi experiencia literaria más intensa fue el descubrimiento de la narrativa hispanoamericana, principalmente Cortázar, Rulfo, Monterrosso, Carpentier y sobre todo el literato completo, el genial García Márquez. Algunos cientos de libros después la literatura me regaló a Saramago, el autor que más me ha marcado, que más me ha hecho pensar, que más he admirado. Leí con fruición, con voracidad, todo lo que caía en mis manos, durante años. Con la edad selecciono más lo que quiero leer, me deleito con Maalouff, Kundera, Galeano, Millás y tantos otros, que me han ido enriqueciendo en cada página. Si un libro no me atrapa en las primeras páginas, lo abandono sin ningún remordimiento, aunque a veces vuelva a darle una segunda oportunidad. En ocasiones leo, incluso, con el televisor encendido. Será por eso que se me atraganta Borges, que no he podido con el  Ulises de Joyce y que no soy capaz de pasar de las primeras páginas de La Divina Comedia, pero ya encontraré el momento, aunque para ello tenga que poner la tele de cara a la pared.


José Luis Sánchez Rodríguez. Bibliotecario.
@JLBracamonte

viernes, 12 de abril de 2013

Inma Contreras, autorretrato lector



DÍA DEL LIBRO 2013, mi auto-retrato lector.
librería.JPGMi historia como lectora es ya laaarga, como mi vida misma, que ya peina canas una… Desde que me conozco leer ha sido parte de mi existencia, y hoy os comento mi experiencia en este terreno.
Como “Desde chiquitico se cría el arbolico”, os comentaré que, por ejemplo, yo leía “El libro de la selva”, con el hocico hendido en el libro, y fue así como mis padres descubrieron, hábilmente, que necesitaba con urgencia unas buenas gafas, porque los hados no me habían dotado de la capacidad que tenía el barón rampante.
Más adelante, los Reyes Magos no podían pasar por mis zapatos sin dejar una buena media docenita de títulos, si no era así, no había Navidad.
Y así, los libros acompañaron descubrimientos importantes: me sorprendí al constatar que sabía lo que era una metáfora cuando, con 12 añitos, en clase, leyendo el libro de Anaya del siempre añorado Lázaro Carreter, salía el ejemplo de “metáfora donde A es B”, y decía “Su luna de pergamino, Preciosa tocando viene”, y yo reconocía a la gitanilla cervantina que me había acompañado más de un rato y más de dos…
Algo más tarde, me descubrí a mí misma leyendo con una linterna bajo las sábanas, devorando las Rimas y Leyendas de Bécquer, pues ya mi madre había de prohibirme que me quedase hasta las tantas leyendo… Y por ello mismo lo que más me gustaba del mundo era leer todo lo que no podía o debía, y así fueron asaltando mi mente intrépida los relatos de Las mil y una noches, que se alternaban con Los siete secretos, y Mujercitas, y El conde de Montecristo, y, para qué negarlo, todo lo que caía en mis manos, indiscriminadamente… algún día os contaré más, con un vino de por medio. ;-)
Descubrí la vida, o, al menos una parte importante de ella, por medio de la lectura, a lo largo de los años, los libros han sido mis fieles compañeros. En mis épocas más tristes, mi consuelo muchas veces ha estado zozobrando entre las páginas de un buen libro, y en mis épocas más locuelas, esas en las que no se pisa la casa nada más que para ducharse y dormir, para seguir luego de juerga por ahí, el verdadero descanso lo tenía leyendo siquiera un poquillo antes de dormir.
Así, desde Gioconda Belli hasta Heinrich Boll, de Martín Gaite a Auster, de Luis Sepúlveda a Stefanno Benni , pasando por Wislawa Szymborska, haikus, cómics, Nicanor Parra o Valle Inclán, leer ha sido siempre un alto en el camino para profundizar en el verdadero sentido de las cosas, y para descansar del mundanal ruido, encontrando la esencia destilada de la realidad en medio de las páginas… Y todo eso, por no hablar del aroma a primavera de los libros… 

lunes, 8 de abril de 2013

AUTORRETRATO LECTOR

Me llamo José Antonio Fraga y nací, modestia aparte, en un lugar en el que el mundo se llama Celanova, una tarde-noche de finales de mayo, muy cerquita de las casas de dos de los más importantes poetas en Lengua Galega, Curros Enríquez y Celso Emilio Ferreiro.
Cuenta mi madre, a quien la quiere oír, que el día que yo nací hubo extraños signos en el cielo, que las nubes eran rojas, y aunque el sol aún no se escondiera, la luna estaba espléndida y llena en lo alto.

También cuenta, que meses antes de que yo naciera, al llegar la noche y acabar la cena, mi padre se sentaba a su lado, al calor del brasero, y leía poemas en voz alta, para mí, para que yo pudiera oírlos. Éso lo siguió haciendo un par de años después de que yo naciera. Todas las noches, llegara cansado o no, tras estar desde el amanecer trabajando en la panadería y en los campos de labranza, se sentaba al borde de mi cama, y me recitaba un pequeño poema, después cogía un libro y me leía una página o dos.
En esos años, vivía con nosotros también mi abuela materna, una anciana de riguroso luto, pero con una alegría y una imaginación desbordante. Dice mi familia que éso fue lo que me dejó de herencia, junto al gusto por el "cuento". Mi abuela también me contaba cuentos, sobre todo cuando estaba en la cocina, con la comida a medio hacer, me sentaba en un banco al lado del fuego, y me hablaba, me recitaba "Las mil y una noches", "Ali Baba y los cuarenta ladrones", "Aladino y la lámpara maravillosa"...
Puedo decir entonces, sin temor a equivocarme, que antes de lector fui "oídor".
Pero fue a la edad de seis años, coincidiendo con el comienzo del verano anterior a mi primer año de colegio, cuando realmente empezó mi vida como lector. Fue en esa época cuando mi padre me hizo un regalo que me cambió la vida, el regalo más maravilloso que he tenido nunca; él lo llamó "a gaiola do aburrimento" (la jaula del aburrimiento). Ese día llegó del trabajo con un carnet de la biblioteca pública, un carnet para mi. Y ¡que razón tenía cuando me dijo: "cuando te sientas aburrido vas a la biblioteca y coges un libro, te aseguro que entonces, cuando empieces a leer, el aburrimiento desaparecerá"!
Fue entonces cuando me adentré en un mundo fantástico, en un mundo de espadachines, vaqueros, detectives, marcianos, piratas, monstruos... todos esos seres que he querido ser alguna vez.
Fue a partir de entonces cuando me hice amigo inseparable de "Mortadelo y Filemón", de "Zipe y Zape", del "Botones Sacarino", de "Anacleto, agente secreto", y de tantos otros habitantes de los cómics, aunque en aquella época se llamaban tebeos. Pronto conocí a nuevos héroes: el Llanero Solitario y su inseparable amigo Toro, al Capitán Trueno, Goliat y Crispín, a Jabato. Me embarqué en el navío del Corsario Negro, combatí del lado aliado en la Segunda Guerra Mundial con las compañías de Hazañas Bélicas, dí la Vuelta al mundo en ochenta días e hice el Viaje al centro de la Tierra de la mano de Julio Verne, cabalgué junto a Ivanhoe y Robin Hood. Conocí a "los cinco", a los "Hollister"... un mundo maravilloso, lleno de humor, aventuras, incluso terror... Conocí a El Quijote, a Gollum, a José Arcadio Buendía, a Rañolas e Pedriño, a Balbino...  un mundo que no abandoné jamás.
Desde entonces hasta hoy no he dejado de leer; por mis manos pasaron, pasan y espero que sigan pasando numerosos libros, innumerables autores, en diferentes lenguas... libros imborrables, otros de los que ya no queda más que una pequeña huella, pero todos, absolutamente todos, libros importantes y deseados en su momento.
Leo todo tipo de libros, todo tipo de géneros literarios, de autores... y no sabría decir cual es mi preferido. No sería capaz de elegir el libro que más me gustó... incluso, me sería muy difícil elegir una docena entre todos los que he leído.
Hay libros de los que me quedó grabado su principio, de otros, su final. Libros de los que puedo recitar de memoria numerosos poemas, o de los que me sé frases enteras de alguno de sus personajes, personajes que los recuerdo e identifico como si los conociese personalmente.
En resumen, puedo decir que los libros me dieron un "don", un poder... gracias a ellos tengo el poder de vencer la desidia, la apatía, el aburrimiento... sólo tengo que abrir uno y empezar a leer.


Espero que Curros Enriquez e Celso Emilio me perdoen por ter escrito en castelán

El viejo y añorado "catón"







Llevo años buscándolo en librerías de viejo, en ferias, en Internet. Aquel libro con un niño en la portada. Un niño que sonreía feliz acaso porque ya había aprendido a leer.
El viejo "catón" que mi padre usó para que signos extraños se convirtieran en letras, para que con las letras se pudieran hacer palabras y con las palabras, construir mundos enteros.
Aquél fue el libro culpable de todos los libros que vinieron después. 
De amar a Sandokán, de querer escapar a la selva con Kipling, cruzar el Mississippi en un gran barco o pasar noches de mucho miedo con Poe.
Amar, viajar, temer.
Todos los verbos en el verbo intacto que se esconde en cada libro.
Todo el poder para aprender.
Para vivir.
Para ser.

jueves, 17 de mayo de 2012

Autorretrato lector: Diego Garcés


Soy Diego Garcés, estudio en la clase de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos.
Mi primer contacto con los libros fue cuando era bebé, mis padres me compraban libros lavables, me los leían y yo miraba los dibujos.
En mis primeros años, como me gustaban mucho los coches, me aprendía las matrículas de memoria y al cartero de mi barrio le dejaba impresionado.
Más tarde, me compraron una colección de libros llamada "Los cuentos de la oca Carlota", cada libro trataba una letra, con ellos aprendí muchas cosas.
Cuando fui al colegio, la profesora Isabel, que era majísima y trabajábamos muy bien con ella, me enseñó a leer.
En 3º y 4º de EPO tuvimos a Luis que nos leía libros de Sapo y Sepo y el Lazarillo de Tormes. Aún recuerdo los porrazos que le metían. También nos mandaba hacer un cuento de Conocimiento por cada lección.
En casa tengo casi la colección entera de Gerónimo Stilton, muchos del Barco de vapor, también me gustan mucho los libros de mitología, los referidos a Egipto, los de dinosaurios y los libros de la Prehistoria.
Cuando viajamos mis padres me llevan libros para leer en la playa.

Cómo he llegado a ser lectora

Soy Claudia López, estudio en la clase de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos.
Cuando aún no había nacido y estaba en la barriga de mi madre, ella me leía cuentos y mi padre me cantaba canciones. Así empecé a ser lectora, escuchando en el vientre de mi mamá.
Hasta los dos años mis padres y yo leíamos libros en los que ponían palabras sencillas como mesa, silla, lámpara… y esas palabras venían acompañadas de un dibujo. A esta edad también escuchaba cuentos como Caperucita roja, Los tres cerditos, La bella durmiente…
A los tres años empecé a ir al colegio y de profesora tenía a Elvira, ella nos leía cuentos, poesías, canciones… En mi casa seguía leyendo cuentos, pero los leía con ayuda de mis padres porque no sabía leer todavía muy bien, pues tartamudeaba. Algunos de los cuentos que leía eran Peter Pan, La Cenicienta, Blancanieves…
A los 4 y 5 años seguía en Infantil con mi profesora Elvira y ella seguía leyéndonos cuentos, poesías, canciones. Como yo ya sabía leer mejor, en mi casa sólo tartamudeaba en las palabras más difíciles y largas. También recuerdo que todas las noches mis padres venían a mi cama, cogían un cuento y yo lo leía con su ayuda. El que me gustaba mucho y que más veces leí fue “El gigante pinta nubes”.
A los seis años, en 1º de Primaria, mi profesora Irene nos mandaba leer libros y yo sí que lo hacía en casa. Mientras mi madre estaba leyendo cuentos a mi hermana, mi padre y yo cogíamos un cuento y lo leíamos. En clase no leíamos porque la profesora hacía otras cosas.  Por mi cumpleaños me regalaban libros que yo siempre leía.
A los siete años estaba en 2º de Primaria y tenía de profesor a Carlos; todos los días en clase hacíamos una lectura entre todos y como para mí era distinto, yo me solía perder y confundir con las letras de los libros. En mi casa también leía, pero ya cogía libros de la biblioteca del colegio; mis padres sólo me ayudaban en tres o cuatro palabras.
A los ocho y nueve años tuve de profesor a Luis. Con él leíamos en grupo, cogíamos libros de la biblioteca de aula y hasta hacíamos nuestros propios cuentos que en mi casa leía a toda la familia. Cogía cuentos de 198 páginas, algunos libros no tenían dibujos; yo procuraba coger los que sí los tenían.
A los diez años tengo de profesora a Julita y con ella, llevamos libros prestados de la biblioteca de aula; los libros ya tienen 385 páginas o más. En clase seguimos leyendo cada día. Ahora estamos leyendo toda la clase “Corazón de tinta”. En casa ya leo sola perfectamente, a veces cojo libros de mis padres y los leo.
Así es cómo he llegado a ser una gran lectora.


martes, 15 de mayo de 2012

El gusto por la lectura

Soy Roberto y estudio en la clase de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos.
Cuando estaba en el vientre de mi madre, ella no tenía tiempo de leer. Tenía que trabajar y estar con mi otro hermano. Ponía mucha música en casa.
Eso sí, cuando tuve la varicela dentro de mi madre, tuvo que leer mucho para sacar información desde el ordenador.  En el trabajo leía mucho el Boletín Oficial, parece que no se aprende nada, pero tienes que saber leer muy bien para entender lo que dice.
Cuando nací yo, pasó lo mismo, porque estaba en el vientre de mi madre mi hermano Jesús. Aparte porque ya éramos dos hijos, mi hermano Ángel y yo. Y cuando nació mi hermano Jesús otra vez lo mismo.
Pasado un tiempo, yo ya sabía más o menos leer, pero no me gustaba, mi madre se dio cuenta y su estrategia para que me gustase fue buscar libros divertidos y leíamos una página cada uno. Nos divertíamos mucho porque si la voz de un personaje era la de un niño poníamos voz de niño, si era la de una bruja poníamos voz de bruja…
Cada vez me gustaba leer más, hasta que por fin, mi gusto por leer fue total. Cuando entré en el colegio mi profesora nos contaba un cuento cada día. Después, en 4º, el profesor, nos leía un capítulo del libro de Sapo y Sepo. Era muy gracioso porque ponía sus voces.
Y ahora estoy en 5º, mi profesora aparte de motivarnos a leer, nos enseña a expresarnos en público y a perder la vergüenza.
Por mi cuenta sigo leyendo libros, la verdad es que no muchos, pero sigo leyendo lo que puedo. Uno de los últimos ha sido, una versión adaptada de El Quijote. Lo leímos mis hermanos y mi madre. Nos reímos mucho imaginando a Don Quijote en sus aventuras. 

Así aprendí a leer


Me llamo David y estudio en la clase de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos.
Siempre me ha gustado la lectura y creo que por eso aprendí muy pronto a leer.
Cuando empecé primero de Primaria con Rosa ya sabía leer, pero con ella mejoré mucho. Cuando pasé de curso a segundo me tocó con Mariví y ella también nos recordaba que cada día teníamos que leer un ratito.
Ya en tercero, el cambio fue mucho más grande. Me tocó con Luis, un genio de la Literatura y por lo tanto hizo todo lo posible por transmitirnos lo importante que es leer cada día y yo creo que lo consiguió. Por eso y mucho más será un profesor inolvidable.
Ahora estamos con Julita. También pone muchísimo interés y nos recuerda muy a menudo que dentro de un año acabaremos Primaria y las faltas de Ortografía son imperdonables y expresarse correctamente es importantísimo y para eso nos exige mucho con la lectura. Estoy seguro de que con los años se lo agradeceremos.
No puedo olvidar el empeño que han puesto mis padres para que ningún día se me olvide que por la noche antes de acostarme tengo un libro esperándome.
Últimamente he descubierto los libros de biografías. Como me gustan mucho leo durante mucho tiempo y las horas se me pasan volando.
Leer ayuda a aprender de todo.


Autorretrato lector: Jorge Turiso

Me llamo Jorge y estudio en la clase de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos.
Desde pequeño me gustaba mucho cuando a la hora de dormir, mi padre me contaba un cuento todos los días y yo le hacía un hueco y se metía conmigo a la cama.
Aunque a veces no entendía lo que leía, me gustaba ver los dibujos. Todo se acababa cuando venía mi hermano Daniel, que ya sabía leer, pero le gustaba más escucharlos. Entonces era cuando venía mi madre y nos echaba a todos.
En Infantil estuve todos los años con Esperanza, que nos enseñaba a conocer las letras y a escribir mi nombre, que fue la primera palabra que aprendí a leer. Cantábamos canciones sobre el abecedario para aprendérnoslo bien.
En primero y segundo estuve con Begoña, que nos enseñaba a vocalizar y pronunciar bien. Ahí es donde aprendí definitivamente a leer yo solo y como en casa tenía muchos cuentos, me entretenía en leerlos.
En tercero y cuarto estuve con Luis, allí leíamos mucho todos los días y con la estantería que teníamos en clase, traíamos a casa libros para leer. También escribíamos muchos cuentos al acabar la lección de Conocimiento. Mis libros preferidos eran los de Gerónimo Stilton.
Ahora en quinto con Julita, también leemos mucho y en el proyecto Kuentalibros, grabamos y ponemos en el blog de clase lo que nos ha parecido el libro. Este año ya hemos leído “Matilda”, “Oliver Twist” y ahora estamos con “Corazón de Tinta”.


domingo, 13 de mayo de 2012

Autorretrato lector: Águeda Caballero



Águeda Caballero, alumna de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos nos cuenta su gusto por la lectura:
A mí desde pequeña me ha gustado que me leyeran libros, por eso quería aprender a leer.
Cuando mi profesora de Infantil me enseñó a leer yo tenía seis años. Todas las tardes leía con mi madre en el salón.
Cuando pasé a primero de Primaria todavía no sabía leer muy bien. Mi profesora nos decía que leyéramos todos los días, así todos los días leía un rato. Poco a poco empecé a leer más rápido y mejor.
En segundo de Primaria ya leía muy bien, así que dejé de leer todos los días.
En tercero bajábamos todos los lunes a la biblioteca. De allí cogíamos libros y nos los llevábamos a casa.
En cuarto ya no íbamos a la biblioteca. En clase teníamos una pequeña biblioteca de donde cogíamos libros. Todos los días leíamos un rato en clase.
Ahora en quinto, leo todos los días por la noche. En clase también leemos la mayoría de los días.
El libro que más me ha gustado es “Donde los árboles cantan”.

La madre de Águeda nos cuenta cómo aprendió a leer


Hola chicos. Soy Azucena, la madre de Águeda. Me ha dicho que si podía escribir algo sobre cómo aprendí yo a leer. Y ciertamente tengo una pequeña historia que contar.
Estudié lo que entonces se llamaba “Párvulos” en  la escuela de mi pueblo; había dos clases, una hasta quinto y la otra hasta octavo.
Lo cierto es que cuando el profesor explicaba para los niños más mayores de mi clase también nos enterábamos los más pequeños y así fue cómo aprendí a leer, oyendo a los mayores y también con una cartilla que el profe nos explicaba cuando podía porque éramos bastantes alumnos.
Cuando pasé a primero tuve que ir a un pueblo muy cerca porque cerraron la escuela del mío. El primer día de clase, otro compañero y yo, nos encontramos unas sumas y unas restas en la pizarra de aquella clase. Nosotros nos miramos un poco sorprendidos porque para entonces ya sabíamos multiplicar y un poco dividir y todo gracias a que también prestábamos atención cuando el profesor explicaba para los demás.
            Esta es la pequeña historia que os quería contar y que sirva como recuerdo de aquel profesor que nos dejó no hace mucho. También os diré que me encanta leer y tener muchos libros y aunque no saco mucho tiempo para hacerlo procuro buscar un rato aunque sea antes de dormir.
            Os animo a que no dejéis pasar un solo día sin leer un ratito. 
Es el mejor entretenimiento que podéis tener.


viernes, 11 de mayo de 2012

Autorretrato lector: Héctor Pascual



Soy Héctor Pascual, estoy en la clase de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos.
Empecé a estar con los libros cuando tenía meses. Iba a la biblioteca con mi madre y ella me enseñaba los libros, pero yo disfrutaba con los dibujos. Más tarde me gustaba mirar en las librerías viendo las portadas de los libros. Desde bien pequeño en los cumpleaños y días de reyes no han faltado libros de todo tipo, de más pequeño libros con más dibujos que letras y ahora libros sin apenas ilustraciones. Todavía me cuesta un poco leer sin viñetas aunque ya me voy acostumbrando. Ahora os voy a contar desde cuando empecé a leer hasta ahora:
Comencé a leer  con 5 años, en 3º de infantil con los libros de “Tito y Tita” y “El País de las letras”.
En 1º de primaria ya leía libros un poco más largos y gruesos. También una de mis actividades favoritas era ir a la biblioteca a escoger libros. En el cole teníamos, en lengua, un espacio de lectura. Había de tres tipos. Más lenta, normal y más rápida.
Yo estaba en la más avanzada.
En 2º me regalaron un libro de Gerónimo  Stilton y me gustó mucho. “Me enganché” y me siguieron comprando libros de este personaje.
En 3º ya con Luis Conde, leíamos y aprendíamos poesía. Yo seguía enganchado a Stilton y sacaron un libro sobre La Historia y después otro y me los compré.
En 4º era prácticamente lo mismo, sólo que ya leía más tipos de libros.
Ahora en 5º ya leo: El de “El sueño de Iván” que es uno de los más preciados que tengo porque tiene la firma del autor: Roberto Santiago. También leo Geronimo Stilton que tengo unos 25 libros y otros como “El bosque” en el que hay publicado un cuento mío, también otros como “Muncle Trogg”.

ME ENCANTA LEER.

jueves, 10 de mayo de 2012

Cómo aprendí a leer



Laura Palacios, alumna de 5º A del CEIP Padre Manjón de Burgos.

Mis primeros pasos con la lectura:
Cuando nací me leían para que me durmiera, escuchaba a mi madre leerme cuentos por el día o por la noche.
A los 3 años en el colegio mi profesora Elvira nos leía cuentos, en estos momentos me acuerdo de casi todos.
A los 4 años empezamos a aprender alguna letra del abecedario. Yo me quedé muy impresionada con las letras.
A los 5 nos aprendimos el abecedario, pero con una canción que me divertía un montón.
A los 6 años empezamos a leer con la profesora cuentos pequeños.
A los 7 años ya leíamos independientemente cuentos como Caperucita roja, Los tres Cerditos…
A los 8 años estaba con Irene y ya leíamos más frecuentemente.
A los 9 años estaba con Luis Conde y leíamos casi siempre y hacíamos obras de teatro casi siempre te hacía reír y otras veces nos castigaba, pero merecía la pena porque a mí me gusta el teatro.
A los 10 años Luis nos leía un libro que se llamaba Sapo y Sepo que eran unos sapos que eran muy incrédulos. Y también seguíamos haciendo obras de teatro, iba también a un grupo de teatro del colegio para representar obras más divertidas o eso creo yo.
A los 11 años estoy con Julita, una profesora que le encanta la informática y nos la enseña. Tenemos un blog que también hacemos trabajos escritos al  ordenador o a mano, pero eso también es lectura. Leemos en casa y en el colegio… Sigo yendo a teatro y cada vez es más divertido porque mi profesor José Mari es muy majo y nos hace reír y reír hasta que nos pongamos a llorar de la risa. No le gusta echar broncas, pero si nos va un poco mal nos echa la bronca y remontamos.