viernes, 20 de abril de 2012

Lola Urbano no sabe leer


Pues yo no sé por qué ni gracias a quién empecé a leer. Tampoco soy una gran lectora ni me interesan mucho las cosas que le interesan a la gente culta que lee culto y lo cuenta cultamente quedando como dios en cualquier sarao social. Yo siempre sé con qué he disfrutado y qué no me ha gustado, pero tengo serias dificultades para recordar nombres y títulos.

Me recuerdo desde siempre, 4 años en adelante, leyendo como una posesa, adicta a los libros, las revistas y cualquier cosa que me ayudara a evadirme de la realidad. Pensando en eso, en mi aquella realidad de entonces, sé que objetivamente no era para tanto, pero a mí no me gustaba nada, nada, nada, así que meterme en una historia ajena me salvaba de la mía y me ayudaba a creer que, alguna vez, yo sería distinta y mejor de lo que entonces me veía. De hecho, creo que mucha gente que lee mucho, lo necesita para no desesperarse. La literatura salva vidas, estoy convencida.

Ahora sé la niña espléndida que era, pero como vivía metida entre historias diversas, nunca daba la talla en nada. No tenía las tetas de Sigrid, ni los ojos azules de aquellas muñecas demoníacas que, una y otra vez, SSMM los HHPP de los RRMM (¿tengo que explicar quiénes eran?... dudo si la P es una o son dos... porque cada uno de SSMM los RRMM debió tener su propia madre, ¿no?), de manera que me veía pueblerina, canija y poco obediente, es decir, un desastre. Y ese desastre que era mi vida interior me llevó a convertirme en una auténtica devoralibros. También leía misales, prospectos y periódicos. Todo lo que mi abuelo se echaba a las gafas, detrás lo cogía yo.

Daba igual qué libro fuera, yo los abría todos. 
Las vidas de santas (y algún santo a la parrilla) me ocuparon una temporada, qué morbosa era entonces... y qué miedos pasaba leyendo aquello. Me acuerdo hasta de lo que pensaba "pues yo no sería capaz... anda que como esté dios escuchándome... pero vamos que no, que si me dicen que diga que soy de otra religión, yo lo que diga Nerón". Creo que podría escribir un libro con una retahíla de pensamientos variadísimos y a cual peor. También leí Camino, estaba en la mesa de camilla casi siempre.


Lo que más me gustaba de todo eran los tebeos. Mortadelo me caía fatal, pero Zipi y Zape me tenían presa. Después descubrí la biblioteca pública, el silencio, el olor, los pasos quedos... vamos, que no entiendo por qué no soy bibliotecaria. Las colecciones enteras de Tintin, El capitán Trueno y todos los superhéroes que le gustaran a mi hermano, que es quien se gastaba la yesca y yo leía de segunda mano. Y llegó Martín Vigil con "La vida sale al encuentro" y "Jarama" de Ferlosio, y una pila que no voy a poner aquí, porque no.

Un día descubrí la parte alta de la librería. Muy interesante. Vida sexual sana. Para que tu matrimonio dure. No acababan de engancharme esas lecturas. Así que me ofrecí a limpiar el piso del hermano de mi madre (un tarambana que tuvo que huir de España y dejó un piso alquilado a modo de guardamuebles) que él sí que tenía una biblioteca interesante. Bocaccio, Agatha Christie, Colette, Arthur Conan Doyle, Dumas, Dickens, Blasco Ibáñez, Thomas Mann, Joyce (no, no lo he terminado)... venga leer penas de otros... y fantasías mil. No he de decir que al poco tiempo mi madre descubrió mi manera de limpiar y ya no me dejó engañarla más.

Nunca me dio el punto de leer el Quijote. Todo lo que huele a obligación me provoca cierto rechazo, no sé si es innato o pura supervivencia, pero afecta incluso a cosas que me harían bien, como ésta. 
Ya no me preocupa leer para ser lo que hay que ser (una persona instruída, leída y estudiada). O leer lo que hay que leer. O lo que recomiendan. Tampoco necesito ya leer para huir, ya no soy una niña asustada todo el tiempo, ahora me gusta mi vida.



Leo mucho en Internet, leo libros de pensar, leo murakamis también, pero solo lo que me gusta... Uno de los grandes placeres de hacerse mayor es que cuando los políticos, la familia, los jefes, los colegas, el vecindario y las noticias del mundo terminan cada día, cuando te queda un ratito de estar y ser contigo... haces lo que te da la realísima gana. Leyendo, también.

1 comentario:

  1. Me pasa exactamente lo mismo que a ti.Como bien tu dices "Todo lo que huele a obligación me provoca cierto rechazo", por eso todavía tengo el Quijote como algo pendiente que quiero leer en algún momento de mi vida.
    Disfruto leyendo libros, pero los que me gustan. Puedo pasarme el dia entero leyendo (cuando tengo tiempo). Recuerdo hace un par de años que la saga de Stieg Larsson no dejaba que me fuera a la cama sin leer un poco más y siempre se me hacían las tantas. Ese tipo de libro que te engancha, que hace que te olvides de todo y te metas dentro de él me encanta. Por cierto, ¿podrías recomendarme alguno de ese tipo? Gracias
    atentamente @SandraCobos87

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