miércoles, 9 de marzo de 2011

Jose Carlos y su autorretrato lector

Este autorretrato, que le llegó a doña Díriga el año pasado, es muy entrañable por cuanto es un canto a la esperanza y a la búsqueda de caminos en nuestra Tribu 2.0 .
Abramos las hojas en blanco de ese libro que entre todos estamos escribiendo...una nueva cultura se puede crear si entre todos repensamos la anterior...

Jose Carlos, ese pedazo de artista en el arte de Soñar cuentos.
Una esperanza para los que ahora no leen.
No se preocupen. Es que no se han cruzado, todavía, con un soñador de cuentos

José Carlos Román.

MI AUTORRETRATO LECTOR:

            No puedo evitarlo, me atrae inexplicablemente ese agradable y envolvente olor de las librerías, ese especial olor a libros nuevos... a  libros que esconden historias guardadas que desean que alguien las descubra... a libros que nos llaman y nos invitan a soñar. Y es que soy un soñador de historias, de las mías propias, pero sobre todo de las inventadas por otros.
            He de reconocer que mi afición por la lectura no viene de tan pequeño, pues no era un valor especialmente cultivado en mi casa. Fue ya de joven, sobre todo al entrar en la escuela de Magisterio, cuando descubrí el placer que proporcionaba tener un libro entre las manos y cómo en un solo instante podías viajar y transportarte a mundos lejanos, reales o imaginarios. Y si hay un libro de aquella época que me marcó fueNo digas que fue un sueño” de Terenci Moix. Todavía, al recordarlo, cierro los ojos y me imagino junto a Cleopatra y Marco Antonio contemplando el bello y misterioso Egipto desde la terraza de su majestuoso palacio.
            Y llega la edad adulta y mi incursión en el mundo de la docencia como maestro de educación infantil y entonces descubro el mundo de la literatura infantil y juvenil.. ¡y que gran descubrimiento! Todos sabemos la importancia de la lectura de cuentos en esta etapa educativa, pero ojo, no de cualquier cuento. Actualmente hay una selección de álbumes ilustrados que son de una exquisita calidad, tanto por su contenido, como por su formato.
            Compartir unos de estos hermosos libros con mi alumnado me hace volver a ser niño, pues a través de la ilusión que trasmiten sus ojos mientras les leo cuentos como Nadarín” (Leo Leonni), “El gran viaje” (Anna Castagnoli) o “Inés Azul” (Pablo Albo), vivo una segunda niñez.
            No hay nada que me proporcione más placer que ese momento de silencio absoluto y expectación que se crea con la lectura del cuento. Esas caritas con los ojos abiertos de par en par, esas bocas abiertas cuando al protagonista le acecha un peligro, esas caras tapadas con las manos cuando aparece el terrible monstruo... pero lo mejor es siempre el final... cuando acabando de  terminar el cuento se escucha siempre... “¡otra veeeeez maestro!... y volvemos a contarlo.

1 comentario:

  1. Es cierto, hay dos dimensiones (o más) de la lectura. Es un placer la lectura íntima y callada, pero leer para otro, o leer para contar luego, tiene también un sabor delicioso a merienda compartida. Estoy contigo, ¿me lo puedes contar otra vez?

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