lunes, 8 de abril de 2013

El viejo y añorado "catón"







Llevo años buscándolo en librerías de viejo, en ferias, en Internet. Aquel libro con un niño en la portada. Un niño que sonreía feliz acaso porque ya había aprendido a leer.
El viejo "catón" que mi padre usó para que signos extraños se convirtieran en letras, para que con las letras se pudieran hacer palabras y con las palabras, construir mundos enteros.
Aquél fue el libro culpable de todos los libros que vinieron después. 
De amar a Sandokán, de querer escapar a la selva con Kipling, cruzar el Mississippi en un gran barco o pasar noches de mucho miedo con Poe.
Amar, viajar, temer.
Todos los verbos en el verbo intacto que se esconde en cada libro.
Todo el poder para aprender.
Para vivir.
Para ser.

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