jueves, 23 de abril de 2015

Violines que exhalan, muestran, describen y suenan en las páginas de los libros


Cada día, entrar en twitter es descubrir  la labor discreta pero altamente importante de una experta en buscar y ayudar  a crecer al que va encontrando en las redes.

Ahora, ha empezado su aventura escritora desde la propuesta de un #8mrobótico y es un placer acompañarla en estos tejidos que salen de sus laboriosos dedos.

La historia se contará, en no tardando mucho tiempo, con un "tanto monta, monta tanto, doña Carmen como don Trotando".
                             Un placer
                               Doña Díriga

Violines que exhalan, muestran, describen y suenan en las páginas de los libros.

No me gustaba ir a la escuela ¡qué rollo!
Mis recuerdos de aquellos años de parvulitos no son nada agradables; todo el día haciendo caligrafía, aprendiendo los números, a sentarme como una señorita... ¿para qué me servía a mí aquello? solo pasábamos a los juegos a última hora de la tarde y para eso tenías que haber hecho bien la dichosa caligrafía, la mayoría de los días me quedaba sin jugar, a repetirla.

Tanto se empeñaron en que escribiese bien y aprendiese matemáticas (la vida me dio la paciencia de mi tío paterno que se esforzaba cada tarde en enseñarme aquello tan complicado y raro) que me convirtieron en una maniática de las tareas bien hechas, engullir meticulosamente contenidos y empeñarme en obtener buenas notas que apenas me dejaron interés de leer por placer.

El gusanillo por la lectura me llegaría más tarde, cuando abrieron la biblioteca municipal, un verdadero acontecimiento, todos los vecinos nos hicimos socios, qué importantes, nos daban un carnet y la oportunidad de pasar un ratito de la tarde noche calentitos en invierno. Alguna que otra vez nos echaban por armar barullo, dependiendo de la disposición a aguantar de la bibliotecaria de turno. No todo era jolgorio, veíamos enciclopedias, libros de imágenes y hacíamos trabajos para clase. Mi hermano acudía a la biblioteca dos veces por semana, sacaba libros para él y para mi madre, llegaron a establecer cierta rivalidad por comprobar quién leía más: Agatha Christie, Emilio Salgari, Julio Verne… yo me piqué y comence a leer libros de aventuras: los cinco, los siete secretos....

Trece años más tarde probé de mi propia medicina, fui la bibliotecaria durante tres años, de vez en cuando me encuentro a algún muchachillo de aquellos, ya grandecito y recordamos entre risas la matraca que me daban, alguna tarde llegaron a agruparse hasta 70 niños, una auténtica algarabía, pero tan contenta de ver lleno el recinto.

Me ha gustado leer, pero confieso que no ha sido una de mis grandes pasiones. Cuando realmente estoy disfrutando de la lectura es ahora, leyendo me siento libre, no pienso en nada, me olvido de todo y me relajo de tal manera que se me olvida el tiempo que llevo leyendo, me da pena dejar de leer, estoy empezando a sentir dependencia, cuando termino un libro siento cierto vacío y nostalgia de sus personajes, pienso que no me va a enganchar el siguiente, pero me engancha. Por eso sé que la lectura me ha atrapado. Por eso, y porque ahora soy capaz de oler los aromas, contemplar los paisajes, gustar los sabores y escuchar los violines que exhalan, muestran, describen y suenan en las páginas de los libros.
                                                                                 Carmen Iglesias

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